La Escuela San Luis apela a la venta de fideos para sobrevivir

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Hace un mes presentamos el caso. Aseguran que hay gestiones oficiales para encontrar una salida, pero nada confirmado. La escuela a la que concurren más de 450 alumnos y brinda trabajo a 65 personas, sobrevive por gestos solidarios y realiza una tallarinada para pagar los aguinaldos.

Más de cien días han pasado de la cuarentena y no es novedad que para muchos vecinos la situación se ha complicado. La pandemia ha puesto en una “encerrona” a diferentes actividades que reclaman soluciones pero que se demoran demasiado y puede que cuando lleguen sea un tanto tarde. Los establecimientos educativos del sector privado son un ejemplo de ello y Mercedes no está exento de sufrir estos padecimientos. Hace exactamente un mes, en nuestra edición del pasado 8 de junio, difundíamos la situación de un establecimiento que cuenta con Jardín Maternal, Nivel Primario y Secundario que este año debería tener su primera promoción. Hablamos del Jardín Espacios de Amor y la Escuela San Luis Gonzaga. Su realidad no ha cambiado, podríamos decir que utilizando terminología propia de estos tiempos, sigue en la misma fase. Aunque lejos de avanzar, cada día, cada semana que transcurre, el panorama se plaga de mayores inconvenientes. Recientemente hemos vividos el cierre de un Jardín Maternal, el que con sus más y sus menos ha bajado sus persianas y no solo dejó de convertirse en una oferta en el rubro, sino que afectó la fuente de trabajo de varias personas que ahora deberán esperar el largo proceso de una quiebra para poder hacerse algún dinero que se les adeuda. Se podrá discutir si ha sido la situación sanitaria la desencadenante de lo sucedido, aunque es imposible negar que haya tenido mucho que ver. Por otro lado también asistimos a que otro establecimiento genera la venta de libros para hacerse de dinero y afrontar los compromisos asumidos. Esfuerzos obligados en una situación que se va tornando desesperante. No queda fuera de esta realidad el Colegio al que hacemos referencia y en tal sentido promocionan la venta de fideos con el propósito de poder hacer frente al pago de sueldos y aguinaldos en este mes de junio. Una realidad caótica, insistimos, para un establecimiento al que concurren 450 alumnos y una fuente de trabajo de la que dependen alrededor de 65 personas.

Rendirse jamás…

Su directora y propietaria, Silvia Secco, aseguró desde un primer momento que no se rendirá. Es posible, por no decir una certeza, que no esté dispuesta de modo alguno a resignar su proyecto que tiene dos décadas de vida. Ni siquiera está dispuesta a que una pandemia le borre sus sueños y sus metas. Aunque cada día que pasa la realidad la empuja hacia el abismo. Sin embargo bien sabe que no está sola en esa lucha, aunque muchas veces tenga que plantear el combate sin más armas que su férrea voluntad. No recibe subvenciones estatales que ha gestionado, no ha tenido la posibilidad de recibir los ATP que tanto ayudan para enfrentar salarios y mucho menos recibirá el adelanto que anunció la Provincia para establecimientos privados porque de hecho no forma parte de esa lista de proyectos educativos con subvención. Protagonistas ha realizado consultas con autoridades locales y si bien han manifestado tener un cierto grado de expectativa por soluciones, no tienen nada confirmado. La fuente consultada asegura que el intendente y funcionarios provinciales están interviniendo, pero aún nada permite ver un poco de luz en la oscuridad. Mientras tanto el Colegio y el Jardín venden fideos a 190 pesos el kilo y no ocultan que se trata de un bono contribución para abonar “aguinaldo y aumento docente”. En estas semanas en las que decidimos tomar un respiro en la difusión, la directora recibió muchos llamados, aunque pocas soluciones. Sí hubo gestos solidarios. No fueron pocas las personas que le pidieron el CBU bancario para depositarle dinero. Una importante donación que se guarda el anonimato y alguna que otra colaboración, incluso de ex alumnos. Hasta hay quienes hacen la compra de los fideos pero no los retiran. Y lejos de pensar en ponerlos de nuevo a la venta las autoridades del establecimiento donarán los mismos a un comedor comunitario. La clara comprensión que en este escenario todos necesitamos de todos. El tiempo transcurre enredado en las contradicciones. Porque mientras la mayor parte de la población quiere que sea rápido para terminar con el aislamiento y el encierro, para los responsables del colegio cada mes que se presenta sin soluciones plantean nuevos desafíos que afrontar con un tanque de nafta que ya muestra la luz de reserva. No debemos ser demasiados lúcidos para pensar que una escuela de estas características solo puede sostenerse a fuerza de vender de fideos o de alguna colaboración solidaria.

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