Una de las grandes figuras del deporte mercedino paseó su calidad por todos los circuitos.

Mercedes tiene el privilegio de contar con una persona impecable, nacida en una familia de trabajo y esfuerzo, que inculcó a HECTOR ORLANDO DIMARO (el Nene u Orlando), la cultura del tratar de progresar, luchando continuamente, superando con altura los tragos amargos que le deparó la vida, sabiendo ganarse un lugar privilegiado en una sociedad que lo quiere como corredor, pero esencialmente como persona de bien.

Don Domingo y doña Clelia (sus padres), fueron guías de lujo para ese muchacho dinámico, quien se inició en el ciclismo, para continuar en las motos y arribar al karting, en donde puso su sello de calidad, imponiendo su talla como ganador de los Grandes Premios de Argentina 1972 en Villa Giardino y 1973 en Tres Arroyos, obteniendo el título de subcampeón argentino, codeándose con los mejores

La mecánica fue su especialidad y la conducción prolija, esa que se ve en los relojes de las carreras, lo llevó al éxito en jornadas memorables, cuando en 1978 surge la idea de correr en T.C. del Oeste, categoría “vedette” del momento, ante un alicaído T.C.

Jorge Pascale, Mario Desanzo (h), José Vicente, Juan Paglieri y un interminable grupo de amigos pusieron el hombro para concretar la idea. Un chasis Soprana que vino de Balcarce, la mecánica de un rival en las pistas y amigo en la vida, el “Polaco” José Miguel Herceg y a correr en un debut que no fue en el “Coronación” de Giles por un aspecto reglamentario.

Llega 1979 y en el Pago de Areco debuta con Alcides Marenco y va ganando la final con el N° 140 cuando un neumático de los que delineaban la pista se mete debajo en la parte delantera, frenando su rauda marcha. Solo hubo que aguardar a la siguiente en Pilar para festejar un triunfo formidable sobre los locales Dardy Mica y el “Vasquito” Oyhanart, siguiendo después una serie de podios que desembocan en la victoria de Luján (19 julio), cuando pasa al grupo superior de aquel T.C. del Oeste fuerte.

En la clase “A” hubo buenas actuaciones pero comenzaron los inconvenientes mecánicos que perseguían y preocupaban al “Nene” y su equipo. El “Polaco” decía que tenía que andar, pero el motor se rompía…. ¿Entonces surge la idea de ese corazón  chevroletista y toman una sabia decisión…? ¿Por qué no ir a lo de  Wilke y Pedersoli??? Y van nomás, siendo recibidos de la mejor manera por estos mecánicos de lujo y mejores personas.

Después de 19 carreras el Soprana aparece con motor Chevrolet en Giles, el 5 de diciembre de 1981, logrando el quinto puesto, en la siguiente que es la primera del 82 también en Giles llega 3° y en Roque Pérez el 28 de marzo de 1982 es tercero en la serie, pero al largar la final se produce un accidente que hizo temer por su vida. Por fortuna y la mano de Dios, el “Nene” quedó entero, pero el auto que solo con el motor y la caja, apareciendo el gesto solidario del inolvidable “Vasco Gaucho” Juan Oscar Larrondo, quien le prestó su auto (El buscapié), con el que vuelve en 1983 ganando cuatro competencias que lo llevan al subcampeonato (en Luján dos veces, luego en Pilar y Giles). En 1984 marcó cuatro podios con otras tantas series ganadas quedando nuevamente como n° 2 siendo su última carrera el 10 de diciembre de 1984 en Pilar, donde fue cuarto.

En esta campaña lo acompañaron Alcides Marenco, ”Coturo” González, Rodolfo De Biase y su hijo Sergio, alternativamente cosechando una cantidad de interminables amigos, teniendo DERRAPANDO el orgullo de haber seguido toda su campaña (como él lo expresa), y también la de Sergio y la de su nieto Germán.

La vida le propinó un duro golpe con la enfermedad de su querida esposa Mabel, por la que tanto luchó, pero el querido “Nene” no paró nunca, le hizo frente a todo, como en la hora de su enfermedad que tuvo en épocas de intenso trabajo en el campo. Su familia le dio fuerzas y fue su guía para seguir siempre adelante y airoso, luciendo hoy con orgullo sus 81 años con un apellido que es respetado y admirado por la gente del automovilismo y además por esa interminable cantidad de amigos que él supo ganarse.

Derrapando: Alberto F. Hassan

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