Daniel Urrutia: Un ídolo

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El 6 de setiembre de 1913 nació Daniel Urrutia en el seno de una familia de trabajo muy querida en nuestra ciudad, mostrando ese jovencito su inclinación por el deporte y en especial por el automovilismo.

Se inició en el ciclismo logrando una seguidilla de victorias en nuestra zona, pero Daniel era mecánico y soñaba con correr en el Turismo Carretera auténtico, el de las cupés, debutando junto a su amigo Adolfo Perazzo en el Gran Premio Internacional del Norte de 1940 con el Ford N° 56, pese a ser hincha de Chevrolet.

Cuando llegó la guerra, él siguió soñando con esos bólidos que devoraban kilómetros abriendo rutas con ese T.C. tan incomparable, con esos ídolos que la gente hizo grandes porque no solo conducían, sino que además en el taller ellos mismos armaban la máquina con la que salían fierro a fondo por los caminos de la patria y de Sudamérica.

Como buen admirador del “Chueco” Fangio, cuando logra conocerlo y tratarlo en el norte del país, precisamente en Misiones, se forja una afectuosa relación devenida en gran amistad. Entonces surge la idea de acompañarlo en el retorno de las carreras tras la guerra, hecho que se produce por esas cosas del destino el 29 de octubre de 1947 en la “Vuelta Sierra de la Ventana”, exactamente un año antes del trágico accidente donde pierda la vida. Tras 541 kms de marcha, Fangio y Urrutia superan a Fernandino, Juan y Oscar A. Gálvez empleando 5h 11m 05s a 104,303 kph.

La segunda presentación es en el Gran Premio de 1947 cuando ganan una etapa pero luego se retrasan y hasta sufren un vuelco en Paso San Francisco donde los auxilia el “Aguilucho” Oscar Gálvez, tal lo expresado a Derrapando por el propio “Chueco” Fangio. Terminando sextos pese a todo y van a las 1000 Millas que gana José Cordonier de Ayacucho abandonando.

En 1948 comienzan bárbaro ganando en Coronel Pringles a fines de febrero, para ser 11° en la Mar y Sierras, alcanzando el tercer triunfo en seis presentaciones en la Vuelta de Entre Ríos del 24 y 25 de abril.

Fangio viaja a Europa iniciando su periplo internacional y deja en manos de Urrutia el Volpi-Chevrolet (La petisa), de Mecánica Nacional, con el que Daniel en Esperanza (Santa Fe), llega cuarto en la Limitada, mostrando que su sueño de correr piloteando la máquina era posible.

Para octubre se pactó la carrera a Caracas y la dupla Fangio-Urrutia esta en la línea de largada con el Chevrolet N° 1. Todos los inconvenientes mecánicos que no habían tenido antes se dan en esta competencia, quedando retrasados en la general con peripecias en cada tramo. Igualmente en la 5° etapa Fangio logra ganar el tramo quedando 29° en la general, pero demasiado lejos en tiempo con etapas en las que pasan 59 autos en el camino, 30 en otra, 33 en la que ganaron, con una errónea reglamentación, la cual hacía largar la etapa siguiente en el puesto de la general, en lugar de hacerlo, como es correcto, en la posición en que iban en el camino.

La historia concluye el 29 de octubre de 1948 con la largada de apuro a medianoche, en esa 7° etapa donde en Huanchasco (Perú), vuelcan perdiendo la vida el querido ídolo mercedino, con una conmoción generalizada en Mercedes y en todo el país.

El maravilloso gesto de Marcilla y Salem, el solidario accionar de Adolfo Perazzo y Miguel Rey los pinta de cuerpo entero. Betty Igoa queda viuda muy joven, dejando dos hijas (Alicia y Mirta), y un niño por nacer que llevará el nombre de su padre el 4 de diciembre de 1948.

Mirta se casa con Tato Ferrea y con Danielito se instalan en Fort Lauderdale (EE UU), desde 1978, produciendo mecánica de alto nivel para todo el mundo.

Derrapando ha mantenido durante años vivo a Daniel, organizando los homenajes de 1988 y 1998, con un recuerdo permanente que nos ha llevado a tener lazos inalterables con el tiempo, con nuestras queridas familias Urrutia, Lisciotto, Elizondo y Ferrea. Afecto que ellos han retribuido con creces hacia nosotros.

DERRAPANDO: Alberto F. Hassan

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